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Día Internacional de la Enfermera: Estudio de caso de la semana

11 Febrero 2020


Escuchando historias sobre ti misma mientras investigas

Autor: Anónimo

Durante mis estudios de doctorado, centré mi investigación en las experiencias de vida de las enfermeras militares como miembros del equipo militar de traumatología.

Cuando solicité el informe de ética, me pidieron que diseñara un protocolo con mecanismos y procesos de aplicación en caso de que algún participante se angustiara al relatar sus experiencias. Por suerte, todos mis entrevistados estuvieron bien. Pero yo no.

En una de las entrevistas, uno de los participantes de mi estudio se puso a hablar de las historias que se iban contando unos a otros para ayudar a los nuevos oficiales militares de enfermería. Estaba muy orgulloso de la labor de los colegas y de sus experiencias en situaciones de combate y a un cierto punto dijo “esas chicas son mis heroínas”.

Cuando comenzó a contar la historia, me di cuenta de que era mi historia. Era algo que me había pasado a mí cuando formaba parte del equipo de traumatología en Timor Oriental.

Estábamos cuidando de un soldado que había fallecido. Mi colega – otra enfermera que también era muy amiga – y yo decidimos quedarnos con nuestro paciente hasta su traslado a la morgue.

Permanecimos con él en nuestra sala de reanimación durante horas. Pensábamos que si llegábamos a conocer a su familia podríamos afirmar con toda sinceridad que no habíamos dejado solo a su ser querido.

Estoy segura de que muchas enfermeras han vivido historias similares pero estar entrevistando a alguien para tu estudio de investigación y escucharle contarte tu propia historia con pasión y respeto hacia ‘esas dos enfermeras’ que habían permanecido ahí me trajo muchos recuerdos, tanto buenos como malos.

No le dije nada al participante en cuestión, a pesar de que se me hubieran llenado los ojos de lágrimas, porque era su historia dado que la estaba contando él.

Una vez finalizada la entrevista, me pasé un buen rato llorando y después fui a ver a mi asesor académico. Hablamos de lo difícil que me había resultado escuchar mi propia historia, así como de la repercusión que había tenido en otras personas y que esperábamos que siguiera teniendo en el futuro.

Todo ello pone de relieve la necesidad no solo de prestar apoyo a los participantes de estudios de investigación sino también de tener en cuenta que parte de la información que se recaba durante el proceso podría ser la historia del investigador pero contada por otras personas.

Muchos años después, hablé con esta amiga y compañera y le comenté la pasión y el respeto que sentía el entrevistado hacia “esas enfermeras”. Las dos terminamos llorando al recordar todo lo que habíamos hecho, además de numerosas otras experiencias que llevábamos mucho tiempo sin comentar. Lo maravilloso fue ver la belleza con la que mi amiga resumió toda la experiencia: “¡Es un alivio ver que sí que marcamos la diferencia!”