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Día Internacional de la Enfermera: Estudio de caso de la semana

13 Mayo 2020


Entrevista a una enfermera en primera línea contra el COVID-19: New York

Autor: Amelia Conner

AC

Amelia Conner obtuvo su título de enfermera hace dos años en la Universidad de Virginia. Su primer trabajo una vez graduada fue en la unidad de cuidados intensivos (UCI) cardiotorácicos del Hospital Universitario North Shore, Manhasset, Long Island, Nueva York.

En su trabajo cotidiano, la Sra. Conner cuidaba de pacientes hospitalizados para someterse a cardiocirugía, principalmente a corazón abierto.

Ahora, tras dos años de experiencia en enfermería, si bien es cierto que en cuidados intensivos, se encuentra en la línea de combate cuidando de personas con COVID-19.

La mayoría de los pacientes en su UCI, al igual que en las demás áreas de cuidados intensivos, fueron dados de alta cuando el hospital se preparó para la llegada repentina de pacientes de COVID-19 extremamente graves que se esperaba.

Todas las UCI del hospital son ahora unidades de COVID-19, y todas las enfermeras que trabajaban en ellas ahora cuidan de pacientes de COVID-19.

La Sra. Conner afirma que cuesta creer los extraordinarios cambios que han tenido lugar en las últimas cinco o seis semanas.

“Cuando se reconvirtió la primera UCI, nos dimos cuenta de lo que se avecinaba. Nuestros instructores comenzaron a acercarse a recordarnos los procedimientos para ponernos y quitarnos los equipos de protección individual. Y la formación que nos impartieron estuvo respaldada por una serie de módulos obligatorios de educación online y formación sobre el COVID-19.

Yo fui la primera enfermera de mi unidad que trasladaron a una sala de COVID. Mi unidad trataba a pacientes con OMEC, oxigenación por membrana extracorpórea, así que cuando llegó el primer paciente de COVID tuvimos que acudir una colega y yo. Nuestros instructores nos acompañaron. ¡Fue justo el día que acababa de finalizar los módulos online!”

Los pacientes con OMEC son los casos más extremos del espectro de cuidados y únicamente reciben este tratamiento de bombeo y oxigenación de la sangre fuera del cuerpo para permitir que descansen sus pulmones cuando no hay otras opciones de cuidados.

“El primer día estaba muy nerviosa. El personal fue muy amable conmigo y me habían llamado antes de iniciar mi turno para que no me llevara una sorpresa al llegar a trabajar. Mi instructor y mi jefe me acompañaron para asegurarse de que todo estaba bien. Esa unidad era nueva para mí así que me enseñaron dónde estaba todo y me explicaron los procedimientos. Fue muy útil tener al lado a otra compañera de mi unidad anterior puesto que siempre es agradable tener a alguien con quien te sientes cómoda cuando te enfrentas a una situación nueva.

Llevaba dos años trabajando en una UCI de manera que estaba acostumbrada a este tipo de entornos pero aún así ha sido toda una experiencia nueva para mí y al principio tardé un poco en acostumbrarme. A pesar de estar familiarizada con el tratamiento de pacientes con OMEC, tuve que adaptarme al entorno y acostumbrarme a determinados medicamentos nuevos.

Los pacientes de COVID de los que normalmente me ocupo ahora no están con OMEC, que es el caso extremo, aunque casi todos los que cuido yo están con CPAP o respiradores. Atendemos a los pacientes más graves. Los que se encuentran en otras unidades normalmente no están con respiradores. Nuestros pacientes o están con respirador o acaban de dejar de utilizarlo o sospechamos que pronto necesitarán uno.”

La Sra. Conner afirma que trabajar en un entorno así con un EPI que es pesado, incómodo y da mucho calor provoca que cada día sea agotador.

“Lo peor de todo es la presión emocional y física. Obviamente estamos acostumbrados a tratar a muchas personas enfermas, solo que ahora es a mucha mayor escala. Una de las cosas más difíciles es que, por motivos de seguridad, los pacientes no reciben visitas de sus familiares, de manera que los proveedores sanitarios actuamos como intermediarios entre ellos y sus familias, lo cual añade tensión a nuestra situación porque consolamos a los familiares y somos su única fuente de información, algo estresante tanto para ellos como para nosotros.

Además, cualquier turno en una UCI de COVID es muy cansado. Normalmente hago tres turnos de 12 horas, de 7.00 pm a 7.00 am, pero entramos antes y salimos más tarde porque tenemos que cambiarnos antes de entrar y de nuevo antes de marcharnos a casa, lo cual añade media hora o una hora adicional a nuestro turno habitual.

Yo tengo la suerte de vivir con mi familia, que goza de bastante buena salud, pero tengo colegas con miembros de su familia afectados y no pueden volver a casa cuando terminan su turno, algo muy estresante para numerosas personas que se ven obligadas a vivir en otro lugar o que, si se van a su casa, tienen que estar en cuarentena separados de su familia.

Algunos de mis colegas han enfermado pero no tantos como hubiera imaginado. Tenemos la suerte de que no están en el lado extremo del espectro de gravedad del COVID-19 y la mayoría de ellos ya se han recuperado tras una semana o dos con síntomas leves.”

A pesar de la presión del trabajo y la carga emocional que supone, la Sra. Conner afirma que toda esta experiencia ha tenido aspectos positivos.

“Soy afortunada porque ya tenía experiencia previa de trabajo con pacientes así de graves y también porque mis colegas son los mejores. Si no fuera por ellos, todo esto sería mucho más difícil. Ellos ofrecen todo su apoyo y la mayoría de las veces que trabajamos en una unidad con la que no estamos familiarizados no vamos solos para que al menos te sostenga alguien que conoces.

Tengo que decir que el apoyo que he recibido de mi comunidad ha sido fantástico: soy de una ciudad pequeña y hay personas que ni siquiera conozco que se están dirigiendo a mí para ofrecerse a comprarnos comida y también nos están enviando cartas y haciendo cosas que nos hacen sentir un poco mejor. Y nuestro cuerpo de bomberos y policías locales montaron un dispositivo contra incendios para nosotros y colgaron banderas de las escaleras. Fue precioso: mi novio es bombero y también participó. El apoyo de la comunidad ha sido verdaderamente útil.

Por otro lado, el marido de una de mis colegas, que es terapeuta, ha ofrecido sus servicios de asesoramiento a las enfermeras y demás profesionales por si lo necesitamos, lo cual está muy bien.

Las enfermeras estamos acostumbradas a una cierta presión emocional, solo que esta vez ha sido mucho mayor. Una de mis mejores amigas, enfermera de la unidad, grabó un vídeo motivacional fantástico con música animada de fondo e imágenes de todos nosotros apoyándonos los unos a los otros.

También tenemos un chat de grupo de trabajo donde compartimos mensajes tranquilizadores como por ejemplo cuando un paciente abandona la unidad y cosas así. Cuando alguien recibe el alta suena una campanilla por el sistema de megafonía para el público con el fin de que todo el mundo sepa que hay un paciente marchándose a casa.

Y cuando se extuba a un paciente y deja de utilizar el respirador, el hospital pone la canción Here Comes the Sun de los Beatles. La semana pasada dimos el alta a nuestro paciente número mil y la música que sonó por la megafonía del hospital fue Don’t Stop Believing de Journey. ¡Fue muy divertido y grabamos un vídeo que se hizo viral!

Con la experiencia de las últimas semanas, todos hemos madurado en nuestras carreras de enfermería y hemos aprendido mucho. Yo me he enfrentado a situaciones que nunca se me hubieran planteado en mi unidad habitual. Un ejemplo es los pacientes de enfermería en decúbito prono: como trabajo en cirugía a corazón abierto, nunca tenemos pacientes en esa posición. Ahora es algo a lo que nos hemos acostumbrado. Todo ello ha sido sin lugar a dudas una gran experiencia para todos y un aspecto positivo es que todos seremos mejores profesionales. He tenido la oportunidad de trabajar con personas con las que probablemente nunca hubiera interactuado en mi puesto anterior y ha sido muy bonito entablar nuevas relaciones con otros equipos. Evidentemente, las habilidades que hemos desarrollado en esta época nos seguirán acompañando allá donde vayamos después de esto porque todos hemos aprendido mucho.”

En el lugar de trabajo de la Sra. Conner, parece que se está superando la pandemia pero ella es consciente de que, en otros lugares, las enfermeras pueden estar a punto de vivir una experiencia parecida a la suya. Tras sus vivencias, ofrece un mensaje sencillo:

“Vuestros pacientes son vuestra primera prioridad y querréis hacer todo lo posible para ayudarles, pero es importante que hagáis todo con cuidado para mantener vuestra seguridad y que os toméis el tiempo necesario para poneros el EPI. Evidentemente, querréis proteger a vuestros pacientes pero también tenéis que pensar en vuestra propia protección así que dedicad el tiempo que haga falta para pensar bien las cosas y para aprender de vuestros colegas porque todo el mundo tiene algo que aportar. Trabajad en equipo y todo irá bien. Lo que aprendáis con un paciente aplicádselo al siguiente e intentad manteneros al día con la nueva información que no deja de aparecer.

Y si necesitáis ayuda, pedidla: buena parte de esta situación supone mucho desgaste emocional para todos e, independientemente de cómo os sintáis, estoy segura de que alguien más se sentirá igual. Nosotros ya estamos dejando todo atrás, igual que también lo haréis vosotros siempre y cuando contéis con el apoyo de vuestros colegas.”

AC

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