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Día Internacional de la Enfermera: Estudio de caso de la semana

28 Abril 2020


COVID-19 y lecciones extraídas de la gestión del virus del Ébola: Liberia

Autor: Aaron K Sonah

Tile Soy enfermero anestesista y epidemiólogo en la Unidad de Tratamiento del Ébola de Bong, en el Condado de Bong, Liberia. Las lecciones que extrajimos durante la epidemia de Ébola, en particular cómo ser resilientes en circunstancias difíciles, pueden ser útiles durante la pandemia de COVID-19. El virus del Ébola llegó por sorpresa a los países de África Occidental, Liberia, Sierra Leona y Guinea, en 2014. El Ébola solo afectó a algunos países pero la pandemia de COVID-19 se ha extendido por prácticamente todos los rincones del mundo.

El COVID-19 ha provocado una situación similar a la de los brotes de Ébola, es decir, que la población, incluidas las enfermeras, teme exponerse a una enfermedad que amenaza la vida, a menudo con pocos recursos, en particular con escasez de equipos de protección individual (EPI).

Una vez más, tenemos que enfrentarnos hoy a medidas de distanciamiento social a las que la mayoría de nosotros no estamos acostumbrados como enfermeras al igual que tampoco estamos acostumbrados a considerar a todas las personas con las que nos encontramos como una posible fuente de infección. Por eso, como es comprensible, nos ponemos nerviosas tal y como sucedía también durante el brote de Ébola.

Al inicio del brote, muchos liberianos negaron la existencia del Ébola y hubo gran cantidad de desinformación sobre la infección. A medida que aumentaba el número de casos, cada vez se infectaban más enfermeras y aumentaba la tasa de mortalidad. Y todos comenzamos a sospechar de todas las personas con las que entrábamos en contacto porque, al igual que hoy, temíamos llevar la infección a casa y contagiar a nuestras familias. Con la llegada del COVID-19, hemos vuelto a no estrecharnos la mano, a lavarnos las manos con frecuencia, a evitar lugares masificados, a mantener la distancia y a buscar formas de protegernos.

El cumplimiento de estas normas durante el brote de Ébola no fue fácil al principio: la falta de información sobre la enfermedad y la desinformación proveniente de numerosas fuentes dificultó la labor de los trabajadores sanitarios. A medida que se fue compartiendo más información sobre los casos y los fallecimientos, se empezó a producir un cambio en el comportamiento de la población.

Las enfermeras y otros trabajadores sanitarios, en colaboración con los líderes de la comunidad, pudieron ayudar a las comunidades a centrarse en detener la propagación de la infección. Muchas personas que sospechaban que tenían Ébola se negaban a ir al hospital a causa de rumores inútiles que estaban circulando. Pero a medida que incrementaba el número de casos, los trabajadores sanitarios comenzaron a trabajar con líderes de la comunidad y con grupos de presión para garantizar que todo el mundo siguiera las directrices facilitadas por el gobierno en materia de aislamiento y tratamiento.

El Ébola nos llegó por sorpresa pero con la ayuda de la comunidad internacional aprendimos y pudimos comenzar a gestionar brotes con menos asistencia internacional. El último brote de Ébola en el distrito de Mambah-Kaba, Condado de Margibi, se logró contener con poca ayuda internacional.

Prevención y control de infecciones

Desde el brote de Ébola, Liberia tiene unidades de cribado y aislamiento en todas las instalaciones sanitarias para cribar a los pacientes y a los visitantes antes de su acceso a las mismas. Todo el mundo, incluyendo la plantilla, el personal, los visitantes y los pacientes se tienen que lavar las manos antes de entrar. Una vez dentro de las unidades, se formulan preguntas a los pacientes en función de la definición de caso de brote o de otras enfermedades contagiosas. Cualquier persona sospechosa de tener una enfermedad infecciosa es aislada en la unidad de cribado y aislamiento. A los pacientes sospechosos de padecer una enfermedad infecciosa se les lleva a una salida separada y después se les traslada en ambulancia a un hospital o centro de tratamiento, en función de los servicios a disposición a nivel local.

Durante el brote de Ébola mantuvimos la norma de un metro de distancia y el uso de EPI adecuados al riesgo para todos los procedimientos clínicos, incluso para tomarle la presión sanguínea al paciente. Los argumentos al respecto eran evitar la infección por vía aérea y por gotas garantizando al mismo tiempo un uso adecuado de los EPI para conservar los suministros.

Con el Ébola seguíamos una lista de control diseñada para garantizar que nadie se infectara cuidando de los pacientes, lo cual también es importante al cuidar de los pacientes de COVID-19. Para evitar el estrés de infectarse, también es muy importante que el personal de enfermería y otros trabajadores sanitarios disfruten del debido descanso, duerman lo suficiente, mantengan una mentalidad positiva, hablen más sobre las personas que se recuperan que sobre las que por desgracia han fallecido, utilicen equipos de protección adecuados, acepten la situación tal y como es cuando no tienen el poder de cambiarla, concentren sus esfuerzos en lo que se puede cambiar, fomenten la fortaleza de espíritu, la paciencia, la tolerancia y la esperanza.

Durante el Ébola en Liberia, prestamos atención a debatir el caso de cada paciente y a planificar sus cuidados. Asimismo, nos recordamos a nosotros mismos y los unos a los otros la necesidad de mantenernos seguros y seguir las directrices. Era importante advertirnos entre nosotros de que, cuando te sintieras cansado, abandonaras el centro de tratamiento y te quitaras el equipo de protección antes de agotar las últimas fuerzas y correr el riesgo de infectarte. Para mantenernos unidos como equipo interactuábamos constantemente con nuestros colegas comentando nuestras preocupaciones y el tratamiento que estábamos dispensando. Nos esforzamos al máximo con cada paciente, incluso cuando esperábamos un mal resultado.

En momentos de este tipo, las enfermeras deben apoyarse entre sí y reconocer que cada persona tiene su propio nivel de fortaleza y capacidad de afrontamiento. Trabajamos como un equipo y estuvimos ahí para los demás hasta que finalizó el brote.

La tasa de mortalidad del Ébola en la unidad de tratamiento en la que yo trabajé fue del 50% aproximadamente mientras que en el caso del COVID-19 parece oscilar entre el 3% y el 5% dependiendo del país y otros factores. Al enfrentarnos a una situación así, nuestra fortaleza proviene normalmente de ver cómo los pacientes se recuperan y abandonan nuestros cuidados. Yo me sentía más fuerte cuando veía a niños, quizá nuestros futuros líderes, madres, padres y abuelos curarse y regresar a casa con sus familias. Siempre pensaba que podía haber sido mi hijo, mi madre o mi padre. Solía llevar fruta para los niños porque había prometido dársela si se tomaban la medicación y me sentía feliz al tenerles en brazos sin EPI cuando ya se habían recuperado.

También era estupendo cuando los pacientes adultos recuperados se iban a casa y podíamos tocarles sin EPI y dejarles ver nuestros rostros. Nos reconocían por nuestras voces e inmediatamente nos podían llamar por nuestro nombre, que llevábamos escrito en el EPI.

Las estrategias de afrontamiento que desarrollamos durante el brote de Ébola siguen siendo igual de válidas para esta pandemia de COVID-19. Yo me estoy asegurando de descansar lo suficiente, así como de seguir las directrices de prevención y obtener toda la información posible sobre el virus.

Para cuando finalizó el brote de Ébola en Liberia, todos los trabajadores sanitarios habían recibido formación del Servicio de Seguridad y Calidad sobre cómo gestionar este virus. También constituimos Equipos de Preparación y Respuesta ante Epidemias a todos los niveles en el país, que animan a los ciudadanos en el ámbito local a notificar a los trabajadores sanitarios cualquier enfermedad inusual. Se pueden establecer equipos y programas formativos parecidos en la mayoría de lugares del mundo, en particular en países de renta media y baja donde escasean los recursos.