Un importante estudio publicado en la edición de septiembre de 2026 de la revista The Lancet Public Health cuantificó por primera vez la cifra mundial de trabajadores sanitarios comunitarios, estimada en 7,6 millones. Aunque reconoce la contribución esencial de este personal, el estudio suscita preocupación por su posible uso creciente como sustituto de enfermeras registradas con mayor formación y cualificación.
El estudio también ofrece una nueva estimación, mucho más elevada, de la escasez mundial de profesionales de enfermería y parteras. Según los investigadores, se necesitan 23,9 millones más de profesionales de enfermería y parteras para que los países alcancen una puntuación de 80 sobre 100 en el índice de cobertura efectiva de la cobertura sanitaria universal.
Esta cifra contrasta con la estimación anterior, que situaba la escasez en 5,8 millones de profesionales de enfermería y parteras y se basaba, en gran medida, en los sistemas de salud y modelos de atención existentes.
El director general del CIE, Howard Catton, afirmó que esta cifra más elevada no debe interpretarse solo como otra medición de la escasez de personal, sino como reflejo de una mayor ambición mundial por ampliar el acceso a una atención de salud eficaz.
«Si somos más ambiciosos en materia de salud mundial y nos tomamos en serio ampliar el acceso a una atención de salud de calidad para todas las personas, necesitaremos inevitablemente más cuidados e intervenciones de enfermería. La ambición mundial de mejorar la atención de salud no puede separarse de la inversión en enfermería».
En su reportaje sobre el estudio, Nursing Times entrevistó al Sr. Catton, quien describió a los trabajadores sanitarios comunitarios como «enormemente valiosos e importantes», al tiempo que señalaba una tendencia mundial preocupante.
«La verdad incómoda puede ser que, al mismo tiempo que los países de renta alta contratan activamente a enfermeras registradas, incluidas enfermeras especializadas, para hacer frente a su propia escasez, los países que están perdiendo enfermeras registradas recurren cada vez más a trabajadores sanitarios comunitarios como estrategia de sustitución».
«Este informe pone de relieve una estrategia de sustitución que antes no resultaba evidente. Se trata de una sustitución encubierta».
El estudio reveló que los trabajadores sanitarios comunitarios tenían una presencia mucho más destacada en el sur de Asia, América Latina y el Caribe, el sudeste asiático y el África subsahariana que en los entornos de altos ingresos. En el sur de Asia, superaban en número al personal de enfermería.
Los investigadores advirtieron de que la prevalencia de los trabajadores sanitarios comunitarios en los países de bajos ingresos podría ser «un indicador de deficiencias a nivel del sistema, en el que los trabajadores sanitarios comunitarios actúan como mano de obra de bajo coste que sustituye a trabajadores más cualificados».
El Sr. Catton subrayó que los trabajadores sanitarios comunitarios desempeñan un papel importante al acercar servicios esenciales a las comunidades y que deben recibir apoyo y reconocimiento. Sin embargo, deben complementar a las enfermeras registradas y a otros profesionales de la salud, en lugar de sustituirlos.
El reto al que se enfrentan los sistemas de salud no es simplemente que haya más personas que necesiten atención. Los pacientes padecen cada vez más afecciones múltiples y tienen necesidades de salud más complejas, mientras que la gama de tratamientos e intervenciones disponibles sigue ampliándose.
El Sr. Catton señaló que esto crea una «paradoja ilógica»: precisamente en un momento en que los pacientes necesitan una mayor experiencia clínica, algunos sistemas de salud pueden estar respondiendo con un aumento de la proporción de personal con una formación y capacitación menos exhaustivas.
«Es una paradoja ilógica responder a unas necesidades sanitarias cada vez más complejas debilitando la combinación global de competencias de los profesionales de la salud. Los trabajadores sanitarios comunitarios realizan una contribución enormemente valiosa, pero no se puede esperar que sustituyan a las enfermeras registradas, que cuentan con la formación, la experiencia clínica y el criterio profesional necesarios para gestionar una atención compleja».
«Se trata de mucho más que cubrir vacantes o aumentar el número total de trabajadores. Los sistemas de salud necesitan personal suficiente, pero también la combinación adecuada de competencias y experiencia para prestar una atención segura y eficaz».
Añadió que esta tendencia resulta especialmente preocupante cuando se considera junto con la emigración de enfermeras registradas desde países que ya afrontan una grave escasez de personal de enfermería.
«Diferentes indicadores apuntan al mismo problema evidente: el mundo no cuenta con suficiente personal de enfermería. Esta situación pone vidas en peligro y deja al personal de enfermería sobrecargado y agotado. Necesitamos una planificación de la fuerza laboral más sólida y a largo plazo que reconozca al personal de enfermería como una inversión, no como un coste».
La importancia de las condiciones laborales, la retención del personal de enfermería y la combinación adecuada de competencias fue uno de los temas centrales del acto organizado el 18 de septiembre por el Centro de Enfermería para la Investigación de Resultados Sanitarios y Políticas de la Universidad de Pensilvania.
El Sr. Catton se reunió con enfermeras jefas e investigadoras del ámbito de la enfermería para debatir cómo unos mejores entornos de trabajo pueden favorecer la contratación y la retención, reducir la fatiga profesional y reforzar la seguridad del paciente.
El simposio puso de relieve los resultados de intervenciones internacionales dirigidas por enfermeras y basadas en los principios del reconocimiento «Magnet», que respaldan el ejercicio profesional de la enfermería y crean entornos de trabajo en los que las enfermeras pueden prestar la mejor atención posible.
Las investigaciones dirigidas por la profesora Linda Aiken y sus colegas de la Universidad de Pensilvania han demostrado en repetidas ocasiones que los resultados de los pacientes dependen no solo del número total de profesionales de la salud, sino también de su formación, experiencia y condiciones laborales. Una menor proporción de enfermeras registradas en la combinación de competencias se asocia con mayores riesgos de daño y mortalidad para los pacientes.
El Sr. Catton afirmó: «Las pruebas demuestran claramente que la planificación de la plantilla no puede reducirse a un mero juego de cifras. Unas condiciones laborales dignas son fundamentales para contratar y retener al personal de enfermería, pero la combinación de competencias también es vital. Un menor número de enfermeras registradas y una combinación de competencias más débil aumentan el riesgo de daño para los pacientes y, en última instancia, de muertes evitables».
El informe de The Lancet, titulado «Medición de la composición y la disponibilidad de recursos humanos para la salud por sexo en 204 países y territorios, 1990-2023, y brechas de personal para la cobertura sanitaria universal», también proporcionó datos sobre otro importante desequilibrio en la plantilla: la brecha de género.
El informe reveló que las mujeres predominan en los puestos de enfermería, partería y trabajadores sanitarios comunitarios, pero siguen estando infrarrepresentadas entre los médicos. Los investigadores estimaron que el 80,7 % del personal de enfermería a nivel mundial era femenino.
Incluso en profesiones en las que predominan las mujeres, el informe señalaba que las barreras al liderazgo femenino privan a los sistemas de salud de talento y pueden dar lugar a estrategias de personal que no reflejan los retos de una plantilla mayoritariamente femenina.
Potenciar el papel de las enfermeras como líderes en los sistemas de salud y en la formulación de políticas será clave para abordar estos problemas estructurales y garantizar que más mujeres puedan alcanzar su pleno potencial dentro de esta profesión altamente cualificada.
El Global Nursing Leadership Institute™ del CIE ha ayudado a más de 450 líderes de enfermería de alto nivel de todo el mundo a reforzar su capacidad para influir en las políticas, centrándose en prioridades globales como la igualdad de género.
Los resultados refuerzan el llamamiento del CIE a los gobiernos para que adopten planes a largo plazo en materia de personal de salud que amplíen la formación en enfermería, mejoren las condiciones laborales, retengan a las enfermeras con experiencia y protejan una combinación adecuada de competencias en todos los servicios de salud.
Lograr la cobertura sanitaria universal requerirá una mayor inversión en el personal de salud. Pero una mayor ambición en materia de salud mundial debe ir acompañada de una inversión sostenida en personal de enfermería altamente cualificado, imprescindible para convertir esa ambición en una atención segura y eficaz.