Desde las etapas más tempranas del desarrollo fetal, en
el nacimiento, a lo largo de la infancia, la niñez, la adolescencia
y posteriormente en la edad adulta y en la vejez, la nutrición
afecta a la salud humana, la determina y la define. Una buena
nutrición beneficia no sólo a las personas, sino
también a las familias, a las comunidades y al mundo en
su conjunto.
En el ámbito de la nutrición, tiene especial importancia
la nutrición materna. El embarazo es un periodo de
importancia crítica en el cual madre e hijo forman una unidad
social y biológica inseparable; la salud y la nutrición
del uno influye en la salud y la nutrición del otro. 1
Mujeres en edad fecunda
La Asociación norteamericana de dietética afirma
que con una dieta y un estilo de vida saludables, las mujeres en
edad fecunda pueden mejorar de forma significativa la salud materna
y reducir el riesgo de defectos congénitos, de un crecimiento
deficiente del feto y de problemas crónicos de salud en
la madre y en el niño. Es evidente que las mujeres
deben poseer la información sobre la nutrición antes
de quedar embarazadas, y antes y después de dar a luz.
En la nutrición influyen profundamente factores sociales,
culturales y económicos. La falta de tiempo y de recursos,
las pautas dietéticas inadecuadas, los intentos de perder
peso, el abuso del alcohol u otras substancias y mensajes contradictorios
pueden poner a la mujer en peligro de que su ingesta de nutrientes
sea inadecuada.
La ingesta de alimentos variados, según la Pirámide
de orientación alimentaria, puede fomentar un buen estado
nutricional. La Pirámide de orientación alimentaria
es una guía general que indica qué alimentos de cada
grupo alimentario hay que tomar cada día, y en qué cantidad. Cada
grupo de alimentos aporta alguno de los nutrientes esenciales,
pero no todos. Los alimentos de un grupo no pueden sustituir
a los de otro grupo. Es esencial, para una buena salud, consumir
alimentos variados de cada grupo.
En circunstancias especiales, algunas mujeres pueden necesitar
nutrientes adicionales como el calcio, el hierro y los folatos. Los
complementos minerales y vitamínicos tomados antes del embarazo
pueden mejorar la salud materna e infantil. Sin embargo,
se precisa orientación médica para hacer los ajustes
necesarios antes y durante el embarazo. Algunos complementos
contienen elevadas dosis de vitaminas y minerales que pueden resultar
nocivas para un feto en desarrollo.
Para reducir el riesgo de defectos del tubo neural u otros defectos
congénitos, las mujeres en edad fecunda deberían
consumir 400 µg diarios de ácido fólico de
los alimentos, de complementos o de unos y otros 2 . Para
ese mismo fin, cabe la posibilidad de que las mujeres vegetarianas
estrictas necesiten un complemento de vitamina B12.
Antes o durante el embarazo, la anemia materna por deficiencia
de hierro puede hacer que aumente el riesgo de que el niño
tenga un peso escaso al nacer, y desarrolle anemia por deficiencia
de hierro durante el primero o el segundo año de su vida. Algunas
mujeres necesitan complementos de hierro y consejos alimentarios. La
vitamina A, antes y durante el embarazo, también es esencial
para una buena salud. Sin embargo, algunos defectos congénitos
se han asociado con elevadas ingestas de vitamina A.
En el Reino Unido, el Organismo de normas alimentarias (FSA)
aconseja que las mujeres que quieren quedar embarazadas reduzcan
su ingesta de cafeína y de alcohol. Las mujeres en
edad fecunda no deben beber más de dos unidades de alcohol,
una o dos veces a la semana, y deben evitar beber por diversión. Por
otra parte, este Organismo recomienda que las mujeres embarazadas
y las que quieren quedar embarazadas eviten comer tiburón,
pez espada y pez aguja, y no ingieran semanalmente más de
cuatro latas medianas de atún o dos filetes de atún
fresco. El mercurio presente en estos pescados puede dañar
el sistema nervioso del feto. 3
Estudios médicos demuestran que la obesidad materna puede
aumentar el riesgo de defectos del tubo neural, bajos resultados
en el test de Apgar, diabetes gestacional, hipertensión,
bajos niveles de leche materna y obesidad infantil. 4 Las
mujeres con obesidad u otras afecciones médicas o problemas
de estilo de vida deben ser seguidas cuidadosamente antes y durante
el embarazo. Por ejemplo, establecer un rango de peso materno
saludable de acuerdo con el índice de masa corporal (IMC),
fomentar medidas de control de la dieta y proporcionar consejo
profesional sobre la alimentación y el estilo de vida antes
de la concepción pueden influir de forma positiva en la
evolución y los resultados de un futuro embarazo.
Nutrición y embarazo
Durante el embarazo, el cuerpo necesita un suplemento de nutrientes
y de energía para satisfacer las necesidades del flujo sanguíneo
en aumento, del crecimiento de los tejidos maternos, de un feto
en desarrollo, de la pérdida de tejidos maternos en el parto
y de la preparación para la lactancia. Las mujeres
embarazadas deben aumentar su ingesta habitual de alimentos variados
de los cuatro grupos de alimentos básicos. Se recomienda
un aumento de sólo 300 calorías diarias.5
Para un embarazo saludable debe prestarse especial atención
al consumo diario de folato, calcio, vitamina D, hierro, zinc,
cobre, ácidos grasos esenciales y agua. Debe consultarse
con un profesional de atención de salud si es necesario
tomar complementos minerales y vitamínicos.
El aumento de peso debe personalizarse según el peso de
la mujer antes del embarazo y su IMC, y debe vigilarlo un especialista
de atención de salud. Un aumento de 12,5 kg. en una
mujer cuyo peso era normal antes del embarazo se relaciona con
el riesgo mínimo de complicaciones durante el embarazo y
el parto. El aumento medio de peso se sitúa entre
11 y 16 kg. 6
Algunas molestias habituales del embarazo son nauseas y vómitos,
ardor de estómago, estreñimiento y hambre excesiva. La
gestión médica de éstas depende de la gravedad
de los síntomas. Los casos suaves y moderados suelen
tratarse con cambios en la dieta y en el estilo de vida. Cuando
las nauseas y los vómitos son graves y persisten más
allá de las 14 semanas de gestación, suele ser necesario
prescribir medicación antiemética (contra las nauseas),
rehidratación y terapia electrolítica.
No se ha fijado una cantidad de alcohol cuya ingesta sea segura
en ningún momento del embarazo y el alcohol debe evitarse
por completo. 7 La cafeína, estimulante presente
en colas, café, té, chocolate, cacao y en algunos
medicamentos que no requieren receta, puede fácilmente atravesar
la placenta y afectar al ritmo cardíaco y la respiración
del feto. Las mujeres deben evitar consumir más de
300 mg diarios de cafeína. 8 Sería prudente
hablar con un especialista de atención de salud antes de
tomar cualquier medicina, edulcorante artificial, té de
hierbas u otros preparados.
Para reducir el riesgo de contraer enfermedades transmitidas
por los alimentos, en una etapa prenatal temprana deben tratarse
ciertos problemas de alimentación y seguridad, como los
que pueden causar los zumos y productos lácteos no pasteurizados,
la carne y los huevos crudos o poco cocinados, y la contaminación
química del agua y de los alimentos. Las bacterias
nocivas procedentes de alimentos contaminados pueden provocar abortos,
nacimientos de un niño muerto o enfermedades graves en el
recién nacido. Si la madre, el padre o un hermano
sufren alergias, se recomienda como medida preventiva, que durante
el embarazo y la lactancia, se evite el consumo de alimentos que
causan reacciones alérgicas, como los cacahuetes o cualquier
alimento que los contenga. 9
Las mujeres embarazadas diabéticas o con diabetes gestacional
deben controlar su dieta y sus niveles de glucosa en sangre, y
seguir un régimen alimentario y de ejercicios personalizados. También
es necesaria la monitorización fetal. La diabetes
gestacional comienza en el embarazo y normalmente se cura después
del nacimiento del feto. El uso de insulina es recomendable
si no se logran controlar los niveles de glucosa únicamente
con la dieta. 10
Alimentación y periodo posparto
Además de fomentar la lactancia materna, durante el seguimiento
posparto se debe ayudar a las mujeres para que su estilo de vida
incluya una alimentación sana y ejercicio físico. Una
meta importante es prevenir resultados adversos y defectos de nacimiento
en un embarazo posterior. Debe ofrecerse asesoramiento a
las mujeres que no han recuperado su peso de antes del embarazo,
o no han mejorado, un año después del parto. Las
mujeres que padecen problemas crónicos de salud y tienen
graves dificultades para perder peso después del parto deben
recibir una atención prioritaria. 11
Fomento de una alimentación adecuada para niños
saludables
• Lactancia
La lactancia según las necesidades del niño es
la forma idónea de alimentar al recién nacido. Los
seis primeros meses de vida de un recién nacido son un periodo
de rápido crecimiento y desarrollo. La leche materna
constituye el alimento óptimo y se adapta para satisfacer
las necesidades cambiantes del niño. Según
ciertas investigaciones, los recién nacidos que han sido
alimentados de leche materna tiene un mejor desarrollo mental. El
calostro, leche que produce la madre los primeros días después
del parto, es rico en proteínas, minerales y vitaminas,
y ayuda a proteger al recién nacido de infecciones, enfermedades
y alergias. 12
La lactancia materna se aconseja decididamente para el bienestar
de la madre y del niño. La leche materna es fácilmente
digerida por el niño y entre madre y niño se establece
un estrecho contacto. El niño se calma y su respiración
se estabiliza. Hay pruebas sólidas de que la lactancia
reduce el riesgo de obesidad infantil. 13 Después
del parto, la lactancia ayuda a que el útero recupere su
tamaño normal. También ayuda a las madres a
perder el peso adquirido en el embarazo. Puede prevenir el
cáncer de ovarios o de mama y, después, la osteoporosis.
La leche humana es limpia, sana y de fácil acceso. Además
de los beneficios para la salud, la lactancia puede reducir de
forma significativa los costos de salud de familias y los sistemas
de atención de salud. Los profesionales de atención
de salud recomiendan la lactancia materna exclusiva durante los
seis primeros meses de vida del niño. Se anima a las
madres a que den el pecho y alimentos complementarios adecuados
hasta el segundo año y durante todo el tiempo que madre
y niño deseen.
La leche materna es fuente de energía en forma de proteínas,
grasas y carbohidratos. Para mantener su producción
de leche, las madres que dan el pecho deben consumir una dieta
variada y equilibrada y tomar muchos líquidos. La
leche materna no contiene vitamina D, por lo que se aconseja a
las madres que amamantan a sus hijos que tomen un suplemento diario
de 10 microgramos de vitamina D. 14
• Otras opciones de alimentación
La gran mayoría de las madres pueden y deben dar el pecho. Sin
embargo, en algunos casos, los recién nacidos no pueden
o no deben ser amamantados. Las mejores alternativas son
la leche que se ha extraído de la madre del niño,
la leche humana procedente de una nodriza sana o de un banco de
leche humana, o los sucedáneos de la leche humana suministrados
en una taza, que constituye un método más seguro
que los biberones y las tetinas, en función de las circunstancias
individuales.15
Ninguna fórmula puede proporcionar los ingredientes exclusivos
presentes en la leche materna. No obstante, la leche artificial
preparada de acuerdo con las normas de seguridad y de salud es
una alternativa alimentaria para los niños que no reciben
leche materna. Hay una gran diversidad de leches artificiales
para elegir. Los farmacéuticos y otros profesionales
de salud pueden ofrecer consejo sobre cuál es la más
adecuada para el recién nacido. Trabajadores de atención
de salud cualificados deben enseñar a los dispensadores
de cuidados cómo preparar cualquier tipo de leche artificial
para los recién nacidos.
• Alimentación complementaria
La introducción de alimentos sólidos suele ser
un proceso gradual, de varias semanas o meses, y que se inicia
alrededor de los seis meses de edad. Dar alimentos sólidos
al niño demasiado pronto puede aumentar el riesgo de que
padezca alergias o intolerancias alimenticias. Los
alimentos alergenos más frecuentes son la leche de vaca,
los huevos, los cacahuetes, las nueces, el pescado, los mariscos,
la soja y el trigo.
Los cereales suelen ser los primeros alimentos que se introducen
en la dieta infantil, con purés de verduras y frutas y más
tarde las carnes. No debe darse cereales que contengan trigo
o gluten a los niños de menos de seis meses. La ingesta
temprana de gluten puede aumentar el riesgo de padecer enfermedad
celíaca. No debe añadirse sal a los alimentos
ya que los riñones del lactante no son capaces de eliminar
mucha cantidad de sodio.
Con el fin de satisfacer las necesidades nutricionales del niño,
deben introducirse en su momento alimentos complementarios, tanto
preparados en casa como comerciales, que proporcionen suficiente
energía, proteínas y micronutrientes al lactante. Además,
todas las comidas deben prepararse y conservarse de forma higiénica. La
alimentación debe adaptarse siempre a las señales
de apetito o saciedad del niño. Todos los preparados
comerciales deben cumplir unas normas estrictas de calidad y seguridad.
El primer año de vida del lactante, es importante tener
en cuenta la cantidad de hierro que aporta la dieta o la necesidad
de recurrir a suplementos de hierro o vitaminas A, C y D. El
cuidado de niños que padecen anemia por deficiencia de hierro,
reacciones o alergias alimenticias, estreñimiento, gastroenteritis,
o que siguen una dieta vegetariana requiere asesoramiento y modificación
de la dieta. Cada recién nacido es distinto y la edad
es solo un punto de referencia. El asesoramiento profesional
puede ayudar a los dispensadores de cuidados a adoptar las decisiones
informadas que mejor se adapten a las necesidades nutricionales
de los niños.
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